martes 27 de octubre de 2009

Lluvia y veinte grados a la sombra

Hoy amaneció lloviendo, parece que la temperatura comenzará a ceder en este sitio, y así como la computadora, mi cerebro funciona mejor cuando hace frio.
Hace falta un café con leche, como el que prepara mi abuela, o uno muy bueno que probé hace tiempo en un pequeño café de la Ciudad de México. También hace falta algo de música, había pensado en John Coltraine o algo de los Beatles (siempre se me antojan cuando está lloviendo), aunque probablemente lo primero que aparezca dará algún resultado.
Ahora quisiera cerrar los ojos y comenzar (por fín) a pensar en algo que tenga algún sentido, por ejemplo, en esa extraña sensación de nostalgia que el frio siempre acarrea. Se que puede sonar cursi, pero es real, no por nada los suicidios aumentan cuando hace frio, y esto no lo digo yo, lo dice mi psicóloga.
La nostalgia, ¿qué es la nostalgia exactamente?, para mi, pobre mortal, es recordar algo que he vivido, o que deseo vivir, gente a la que me encuentro pasados los años y descubro que ya no hay nada sobre qué conversar, las llamadas a mi madre cada semana, las fotografías de Sam a los seis meses, o ese libro que tengo en el librero y no he podido empezar a leer.
Según el diccionario de la Real Academia Española, nostalgia es la pena de verse ausente de la patria, o de los deudos o amigos, y la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.
Pero que pasa cuando la nostalgia es por algo que nunca hemos tenido, y por algo que jamás llegó a nuestras manos. Algunos me dirían que entonces no es nostalgia, sino añoranza. Probablemente tengan razón, sin embargo, ambos términos me resultan paralelos.
La primera vez que leí a Camus una amiga me preguntó si realmente lo había leído, porque no se imaginaba que pudiera salir del Extranjero sin pena ni gloria, pues como dijo, no puedes leer eso y no deprimirte.
La verdad es que para los que en cierta forma nos ha tocado ser un poco extranjeros, la nostalgia tiene dos filos: o nos volvemos un manojo de nervios añorantes de lo que dejamos, o simplemente aprendemos a viajar ligeros y no preocuparnos por lo que queda atrás.
En este caso, es muy difícil para un extranjero viajar con más de una maleta, y si el viajero es un aprensivo, la maleta nunca estará llena, siempre hará falta algo, siempre dejaremos un trozo de nosotros mismos.

La alegría de la nostalgia

La nostalgia puede ser alegre, podemos convivir con nuestro pasado y darnos un baño con el pensamiento en la piel, podemos jugar con los recuerdos y hacer que la vida sea un flash back y un acelere al mismo tiempo. Mi mejor amiga siempre dice que ella es la protagonista de su propia película, mi maestro de teatro en una clase nos dejó buscar un personaje con el que nos identifiquemos, y según Freud, todos tenemos alguna filia con nuestros padres. Así que en realidad, viajar hacia adentro de nosotros mismos, siempre será más escalofriante o imprevisible que cualquier viaje a otra ciudad.
Por ahí podemos empezar, por volvernos extranjeros de nosotros mismos.
Hablando por mí, la nostalgia casi siempre me ha parecido un sentimiento muy grato para vivir, una forma de ser y de estar, al mismo tiempo, en todos los sitios dejados y los que me esperan. Tal vez por eso me empeño en cargar con todos mis libros a donde me lleven, pues cada libro encierra una historia más allá de la que cuenta, tal vez por eso, coloco siempre mis fotos junto a mis libros, porque son, al final de cuentas, parte de la familia que me he ido haciendo y dejando la mayor parte del tiempo.
Si mis queridos lectores amanecieron hoy con algo de frio, o por lo menos un poco menos de calor, salud con el cafecito caliente.

jueves 22 de octubre de 2009

Impuestos

Desde hoy, depresión será en mi vida un eufemismo para “estoy que me lleva la chingada”.
Pocas veces me animo a escribir sobre política, esto en gran parte porque con los noticieros y radio pasillo tenemos para encabronarnos y mentar madres todo el santo día, y siempre he abogado porque hay que aferrarnos a las cosas buenas de la vida.
Pero hoy, el desconcierto y la preocupación me han obligado a escribir, tal vez como una manera de exorcizar al monstruo de la rabia y poder irme a la cama sintiendo que algún granito de arena ha salido de todo esto.
Algunos partidarios de la teoría de la conspiración dicen que tantos impuestos son para mantener al pueblo sometido, que el grabar a las telecomunicaciones es una artimaña para que el pueblo no se informe y no se de cuenta de cómo está el mundo en realidad.
Otros comentan que es la consecuencia de un gobierno que nunca se ha preocupado por la educación de sus pobladores. Yo estoy de acuerdo con ello, la educación de este país está tan jodida y desde hace tanto tiempo, que los adultos que hoy ocupan un lugar dentro de las cámaras legislativas son, o imbéciles, o apenas cursaron la primaria.
¿Por qué digo esto? Simple, porque no concibo que una persona le quite el pan al pobre y luego le regrese las migajas creyendo que así lo salva de la miseria. Y es que eso es precisamente lo que nuestros adorados “representantes” están haciendo con usted y conmigo. Nos salen con que al aumentar el IVA a 16% van a frenar la crisis. Pero lo que no nos dicen, es que en realidad ese uno por ciento será mucho más a la hora que usted y yo vayamos al súper por nuestra despensa, ya que desde los combustibles y las materias primas van a subir, por lo tanto, ese uno por ciento nos llegará multiplicado.
Aun no se aplican estas normas y ya se ven los alcances, el pasado domingo, durante mi rutina semanal de las compras para la comida, descubrí a la hora de llegar a la caja del supermercado, que mi presupuesto acostumbrado se había sobrepasado casi al doble, esto ojo, sin comprar nada nuevo o fuera de la lista que cada semana surto en el mismo lugar.
¿Qué pasa aquí? Pues que no luce, o no se nota, cuando cualquiera puede ir a comprar frijoles o aceite con total libertad a donde le plazca, pero sí se ve y también nos cuesta que se vea, cuando el presidente, el gobernador, su tío, primo o quién sea, hace una maravillosa entrega de despensas en tal o cual comunidad.
Me decía un amigo hace poco, cuando me contó que está doblando turno en su trabajo que ahora sí, ya era pobre, y le pregunté que cómo, ¿qué no estaba ganando más? Su respuesta fue sí, antes era muy pobre, ahora, sólo pobre a secas.
¿Porno o información?

Leía ayer en la columna de Carlos Loret de Mola, en el Universal, que mientras los diputados aprobaban un impuesto del 3% a las telecomunicaciones, miles de usuarios de Twitter comenzaron a protestar. La verdad no soy usuaria de Twitter, pero en Facebook pasó lo mismo, frases que iban desde la incredulidad hasta el mero sentimiento revolucionario. Hubo quienes aludían a que ésta es una artimaña del gobierno para someter al pueblo que intenta educarse a pesar de la educación (básica) y otros que escribían sobre los problemas que esto traerá a mediano y largo plazo.
Será el sereno, como dicen en mi pueblo, pero mientras escribo esto, no sé hasta cuando pueda publicarlo, ya que de pronto se fue la señal de mi modem y otras de algunos vecinos que llegan hasta mi computadora, esto no es raro, a veces pasa, pero ¿encima nos pretenden cobrar un impuesto por ello? ¿No creen que es una falta de congruencia si ese mismo gobierno alude como acción social, llevar salas de cómputo a comunidades rurales?
Yo no sé que va a pasar, me cortaron en internet antes de poder consultar a Walter Mercado en línea, sólo sé que cada día hay más personas que no están dispuestas a quedarse calladas, o a buscar el lado bueno de la vida, y si algo no cambia pronto, tendremos que hacer que cambie de algún modo.
Mientras tanto, a comer frijoles, que la tortilla ya es artículo de lujo.

martes 20 de octubre de 2009

Otra voz


Qué tiene de diferente esta luna con las otras
Cuál es el secreto por el que se ríen a mis espaldas
alguna marca de nacimiento
deformidad en el rostro
no lo creo
Serán los restos de una infancia entre el hambre y los golpes
que no es la mía
pero mi cara es espejo
eso lo sé

Hay luces que no iluminan
y otras que ciegan
hay un ponche en la estufa
que nadie ha probado
y lacena sabe a fracaso
metida en el horno que tomo por cama
metida en mis venas que escurren sobre el mantel
hay     uvas     vino     banquete
un pan sin sal
hay las ganas de dormir
dormir hasta que la noche muera

miércoles 7 de octubre de 2009

Elucubraciones de una tarde sin remedio

Ésta es una pequeña ventana por la que miramos hacia una sala o un estudio desde fuera, en él hay alguien, una persona que no se mueve, no hace nada más que pensar.
De esto se trata, de pensar y hacerse preguntas, a lo mejor un día, sin que nadie ni nada nos lo impida, logramos encontrar alguna de las respuestas.
He aquí la primer pregunta:


¿Cómo se llega a ser poeta?


Alguien me dijo con atinada razón, que el titulo de poeta es algo que otros tienen que darte, sin embargo, como en todo, uno debe tener cierta autoafirmación para dedicarse al oficio.

Existe la carrera de letras, pero estudiarla no te hace escritor, al contrario, he conocido quienes la estudian y nunca vuelven a escribir, y escritores que ni siquiera terminaron la escuela.

También se habla de talento, pero ese me resulta aún más engañoso a la hora de buscarle una definición. La Real Academia Española, define como talento la inteligencia o aptitud de una persona para determinada ocupación, pero es como lo de ser poeta, ¿cómo saber si se tiene o no talento para la poesía?

Una vez en una película, el protagonista dijo algo a mi parecer genial (que creo citaba de alguien más) el escritor escribe... cualquiera puede llegar a ser una persona que escribe, pero no un escritor…y la genialidad de ello radica en el punto mismo de su aparente paradoja. Deja entrever que hay algo más, un plus, a parte del acto mismo de escribir: el talento, que algunos dicen se nace con el, y otros, que se puede llegar a adquirir con el tiempo; aunque en lo personal no comparto dicha opinión.

Trataré de poner algún punto en claro. Nunca he creído que sea poeta, no comulgo con los estereotipos y las etiquetas, creo que escribo textos con la intención de convertirse en poesía, si lo logran o no, no me toca juzgarlo.

Con lo del talento, sé que tengo alguno (todos lo tenemos), no me queda muy claro para que, pero estoy en el camino; y si me dedico a la literatura, es porque aparte soy terca, y la amo, y no pienso separarme de ella nunca.

Poeta, Poesía, Talento, Literatura. Ahora me brincan los conceptos, y me da tristeza como los manchan los estereotipos, clichés como el de que los poetas no comen, que tiene que vivir en la miseria, en el clandestinaje, que para ser poeta hay que beber tres días seguidos, una vez por semana, y nunca salir de las cantinas, ir en contra, siempre, aún sin saber de qué.

jueves 1 de octubre de 2009

Dos poemas de Volviendo a ítaca

Quería que este primer post fuera un poema que me mandó una amiga, pero mejor pido permiso primero.


JUSTIFICACIÓN




Sobran los motivos para el exilio

agujas que recorren la piel esperando penetrar alguna vena

colmillos para la carne débil

azares que envenenan la sangre más dulce

la más inesperada de las hecatombes

el filo azaroso de la muerte

el destierro

el desenfreno

las fábulas que alguna vez un viejo nos contó

las indirectas de los comensales cuando el tenedor no está del lado izquierdo

o las vitrinas huelen a polvo de historia rancia en casas de las que se ha perdido la llave



Sobran los motivos para salir huyendo

el calor

los moscos

el infierno diario de salir de casa sin un peso

o llegar con la misma suerte



Desenterrar cadáveres que no fueron los parientes

o sí

destapar aquella cloaca en la que guardas el pasado

o en la que buscas los restos de una cama donde el sueño parecía eterno



Silencio



El sonido intermitente del reloj

puede ser el único pretexto

 
 
CÓMO ESCRIBIR UN POEMA A LO QUE NOS ES INDIFERENTE




Primero habrá que clasificar

el tipo de indiferencia



Como la del hombre rico

que no mira al indigente

que estira el saco de huesos de su brazo

para pedir limosna



O la de las señoras finas

y sus hijas

la más bella-buena-perfecta

y la dosis de coca que esconden bajo el armario



O aquella tristísima de puro torpe

del que cruza la calle sin preguntarse

cómo el hombre del bastón

logrará legar a su destino



Luego de clasificarla

habrá que recordar a los que antes fueron ciegos

a los que nunca llegaron a casa

después de la guerra



A las viudas con hijos que lloran afuera de la embajada

Iran Irak Judíos Vietnamitas

A cuanto ser le duela no ser visto

el que pasa por el mundo

siendo

si acaso

una estadística

Primer aviso

A veces el exilio no es una imposición, a veces es una casualidad o un imprevisto, a veces se elige por cuenta propia.
Despues de mucho tiempo, de muchos rostros que ya no existen más allá de la memoria, y del paso fijo hacia adelante, es preciso cambiar el rumbo, cambiar los tonos con los que dibujamos el paisaje, cambiar el soundtrack a nuestra vida.
Para los amigos, conocidos, detractores o curiosos, aquí un nuevo y último intento por salir de esta burbuja y recordar momentos, compartir alguna letra, algún espacio en blanco para quienes se atrevan a escribir. Recordar también, claro, momentos y venires cotidianos, espacios guardados en un lugar de la memoria.
Para los que nunca pudieron escribir bien Lakshmi, este sí es en español.
Para los que nunca tuvieron interes en dar un click, no se apuren, no me enojo.
Un abrazo mis amigos, mis colegas, y otros más del son y de la rumba, que en la fiesta cabemos todos.

miércoles 10 de junio de 2009

Poema optimista para un mal sueño

El campo lleno de cenizas se ha vuelto fértil
lo que antes fueron guerras
hoy son fresnos y naranjos

qué va

puede que nada sea cierto
puede que mis ojos no vean
más que sueños
y en realidad
tanto petróleo sea el culpable
del óxido en el acero